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Besos a Juvencio
Esos ojos tuyos de miel, Juvencio,
¡quién me diera besarlos sin parar!
Sin parar los besaría trescientas mil veces,
y me parecería que nunca quedaría satisfecho,
ni aunque la cosecha de nuestros besos
fuera más rica que una de espigas africanas.
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